Hoy todo el mundo habla de él y nos lo ofrece como si pudiese estar al alcance de todos. No nos engañemos, el 95% de la humanidad se va de este mundo sin conocerlo. Podrán existir mil y una definiciones sobre éxito y nos pueden ofrecer más de mil y un caminos para alcanzarlo, pero…
¿Qué es lo que lo hace tan esquivo ante nosotros?
Lo que la inmensa mayoría de la población no entiende, las escuelas y universidades no enseñan y la vida nos niega constantemente, no es más que el resultado de nuestra propia ignorancia.
El gran secreto que esconde la sabiduría, inalcanzable para el ser humano común, es que el éxito no es un simple deseo.
El éxito en un plano general es la trascendencia humana a través del amor a los demás y cuando amamos, sólo queremos hacer el bien a quienes amamos y actuamos de manera enérgica en pos de su consecución.
El amor supera al cansancio y no teme al sufrimiento, cuando es ideal supremo. Sino recordemos lo que Cristo soportó por amor o, más cercano a nuestra realidad, el sufrimiento de una madre por el amor de su hijo descarriado o enfermo, por solo poner dos ejemplos.
Entonces, amar y satisfacer las necesidades de los demás en primer lugar, es la clave para que nuestro deseo se realice. Pero la mayoría de las personas lo cree y entiende al revés.
El cerebro humano es una combinación de pensamientos, sentimientos y emociones que al descompensarse, producen el fracaso.
Digámoslo de una manera más simple si nuestro pensamiento no es controlado por los sentimientos y emociones, entonces podremos querer las cosas y estar dispuestos a pasar por encima de los demás para lograrlas. Pero esto no es el verdadero éxito. Esto se llama malicia y quienes así actúan no tardan en caer ante la lujuria.
Ahora llevemos estas reflexiones a nuestra vida diaria. El éxito no es otra cosa entonces que:
E=O +P+A
Donde:
E- Éxito
O-Oportunidad que se presenta
P-Nivel de preparación o deseo de prepararse para aceptar y asumir la oportunidad
A-acción constante y persistente derivada del querer alcanzar las metas
Como podemos darnos cuenta la oportunidad es externa a nuestro cerebro, pero el nivel de preparación, deseo y voluntad para emprender acciones dependen exclusivamente de cómo alimentamos nuestro cerebro con conocimientos, sentimientos y emociones positivas.
Los emprendedores que piensan que el simple QUERER ES PODER se equivocan pues no basta con solo quererlo, hay que SABER ACTUAR Y ACTUAR PERSEVERANTEMENTE para alcanzar el éxito. Y esto es lo que la mayoría no está dispuesta a hacer por temor a salir de su zona de acomodo o de costumbre y es ahí que sucumbe ante el fracaso.
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